El viaje de las cadenas

 

Las olas se mezclaban entre el inclemente mar de la tormenta. La pequeña barcaza se agitaba sobre el rugido imperceptible de la noche. Allí donde los miedos acunaban hombres nuevos, nacían las leyendas de valentía y fuego, donde los magos vagaban en busca de una historia nueva, se desataban las peores guerras.

Eran días de una paz falsa que se cobraba a un alto precio. Los hombres vagaban por aquellas calles de arena consumidos entre la deshonra y los males derrumbados que llevaban a cuestas, las noches solían atraer los barcos hasta aquella costa de hielo, donde el frío se agitaba arrastrando las pesadillas de los nuevos viajeros.

La pequeña barcaza tocó puerto sobre la media noche. Asier conocía esos rincones casi tan bien como la palma de su mano. Solía frecuentar la ciudad cuando su búsqueda desesperada estaba a punto de fracasar. Allí se abastecía y volvía al mar a recobrar su antigua vida.

La pequeña plaza lo recibió con la soledad de las noches heladas, sabía donde pasar la noche, giró en la esquina y se adentró en un callejón sin luz. Dos puertas a la izquierda llamó y con un simple susurro el portal cedió.